Sesgos cognitivos: por qué tu mente te engaña sin que lo notes

Ilustración en acuarela de un rostro humano de perfil del que surgen dos caminos mentales: uno rápido y luminoso en tonos dorados y otro sereno y profundo en tonos azules.

¿Alguna vez has tomado una decisión en un segundo y luego, pensándolo con calma, te has dado cuenta de que no tenía mucho sentido? Tranquila, tranquilo: no es que seas despistado o despistada. Es que tu cerebro, ese órgano maravilloso que te permite leer esto ahora mismo, está todo el día haciendo trampas. Pequeñas trampas, eso sí, pensadas para ahorrarte energía y ayudarte a sobrevivir. El problema es que, a veces, esas trampas nos llevan a equivocarnos sin que nos demos ni cuenta.

Desde Espacio Izari, en Logroño, queremos acompañarte a entender un poco mejor cómo funciona tu mente. Porque cuanto más la conoces, menos terreno le dejas al piloto automático. Así que ponte cómodo o cómoda, que hoy hablamos de los famosos sesgos cognitivos.

Un pequeño experimento mental antes de empezar

Imagina que vas paseando por una ciudad que no conoces. La calle está prácticamente vacía. De pronto, te cruzas con una pareja de personas mayores, con aspecto entrañable, que te piden ayuda para meter unas cajas en el maletero de su coche. ¿Cómo de peligrosos te parecen, del 1 al 10?

Ahora cambia la escena: la misma calle solitaria, pero esta vez quien te pide ayuda es un chico joven. ¿Y ahora? ¿Qué puntuación le pondrías?

Si eres como la mayoría de las personas, probablemente le hayas puesto una nota más baja a la pareja mayor y algo más alta al chico joven. Pues bien: esa pareja entrañable representa, en la realidad, a dos personas condenadas por múltiples asesinatos, mientras que el joven podría perfectamente ser una persona dedicada a labores humanitarias reconocidas internacionalmente.

No te cuento esto para asustarte, sino para que veas con tus propios ojos algo fascinante: tu mente no analiza la realidad de forma objetiva. La interpreta a través de atajos. Y esos atajos tienen nombre propio: heurísticos.

Dos sistemas, una sola mente

Para entender por qué ocurre esto, conviene saber que en tu cabeza conviven, en cierto modo, dos «modos de pensar» que trabajan a la vez sin que tú lo decidas conscientemente. Esta idea, popularizada por el psicólogo Daniel Kahneman, resulta muy útil para explicarlo de forma sencilla.

Por un lado está lo que podríamos llamar el modo rápido: automático, intuitivo, casi instantáneo. Es el que te permite reconocer una cara enfadada en un segundo, frenar el coche sin pensarlo o saber que 2+2 son 4 sin hacer ningún cálculo consciente. Funciona con muy poco esfuerzo, y por eso es el que usamos la mayor parte del día.

Por otro lado está el modo lento: el que se activa cuando tienes que concentrarte de verdad, como al hacer una operación matemática complicada, aprender algo nuevo o contenerte para no responder mal cuando alguien te molesta. Este modo gasta mucha más energía, así que tu cerebro intenta usarlo lo mínimo posible.

¿El resultado? La mayoría de tus decisiones del día a día las toma el modo rápido, apoyándose en atajos mentales. Y esos atajos, aunque nos han ayudado durante miles de años a sobrevivir (imagina tener que analizar racionalmente si huir o no cada vez que ves un animal salvaje), también nos hacen caer en errores. Cuando esos errores se repiten de forma sistemática, hablamos de sesgos cognitivos.

El sesgo de representatividad: juzgar por el envoltorio

Volvamos a la pareja de ancianos. Tu mente, sin que tú lo pidieras, comparó esa imagen con la idea general que tienes de «persona mayor»: alguien tranquilo, poco amenazante, con menos fuerza física. Y a partir de ahí, dedujo (mal) el nivel de peligro. Esto es el sesgo de representatividad: juzgamos a partir de lo mucho que algo se parece a una imagen mental previa, en lugar de basarnos en datos reales o en probabilidades.

Hay un ejemplo clásico que lo explica muy bien. Imagina a una persona ordenada, inteligente, educada y con metas claras. ¿Te parece más probable que se dedique a la abogacía o a la agricultura? La mayoría de la gente responde «abogado o abogada». Sin embargo, estadísticamente hay muchísimas más personas dedicadas al campo que a la abogacía, y entre ellas también abundan quienes son ordenados, inteligentes y ambiciosos. El error no está en los rasgos que imaginamos, sino en ignorar las probabilidades reales a favor de un estereotipo.

Este mismo mecanismo es el que, llevado al extremo, alimenta muchos prejuicios: «la gente de tal sitio es así», «los hombres son de esta manera», «las mujeres son de la otra». Generalizamos en automático, sin pararnos a pensar, y eso puede tener consecuencias bastante serias en cómo nos relacionamos con los demás.

El sesgo de autoridad: creer porque lo dice «alguien importante»

El segundo sesgo del que queremos hablarte es igual de curioso, y probablemente más peligroso de lo que imaginas: el sesgo de autoridad. Consiste en dar por válida una información solo porque proviene de alguien que percibimos como experto, con poder o con autoridad, aunque esa persona no tenga ni idea del tema en cuestión.

Históricamente, este sesgo se ha usado mucho en publicidad. ¿Recuerdas haber visto a algún dentista recomendando una pasta de dientes en un anuncio? Pues durante décadas, incluso marcas de tabaco utilizaron la imagen de médicos para vender sus productos, en una época en la que ya se sospechaba del daño que causaban al organismo.

Pero hay casos donde este sesgo va mucho más allá de una simple compra. Uno de los ejemplos más estudiados en psicología social es el de los experimentos del psicólogo Stanley Milgram, en la Universidad de Yale. Tras la Segunda Guerra Mundial, Milgram quiso entender algo que le inquietaba profundamente: ¿cómo personas corrientes pudieron participar en atrocidades durante el régimen nazi, escudándose en que «solo seguían órdenes»?

Para investigarlo, diseñó un experimento en el que se pedía a voluntarios que administraran lo que ellos creían eran descargas eléctricas reales a otra persona cada vez que esta fallaba en una prueba de memoria, bajo la supervisión de un investigador que les indicaba que continuaran. En realidad, nadie recibía descarga alguna: todo era una simulación. Pero los participantes no lo sabían. Y aun así, una proporción muy alta de ellos continuó administrando descargas cada vez más intensas, simplemente porque una figura de autoridad les decía que debían seguir.

Este mismo fenómeno también se ha relacionado con accidentes reales, como algunos sucesos en la aviación donde la tripulación, por respeto a la jerarquía o a las indicaciones de control aéreo, tardó en comunicar con claridad una situación de emergencia, con consecuencias trágicas. No se trata de personas irresponsables, sino de un mecanismo psicológico profundamente arraigado en nosotros: tendemos a confiar en quien percibimos con autoridad, incluso cuando una parte de nosotros sabe que algo no está bien.

Entonces, ¿estamos condenados a equivocarnos siempre?

Para nada. La buena noticia es que el primer paso para dejar de ser víctima de estos sesgos es, precisamente, conocerlos. Cuando sabes que existen, empiezas a detectarlos en ti mismo o en ti misma con más facilidad, y puedes parar un momento, activar ese «modo lento» del que hablábamos antes, y preguntarte: ¿estoy juzgando esto por cómo se parece a una idea que tengo en la cabeza? ¿Estoy creyendo esto solo porque lo dice alguien con autoridad, sin comprobarlo?

Ese pequeño hábito de pararse a pensar, de cuestionar el primer impulso, es justo el tipo de trabajo que se hace en terapia psicológica: aprender a observar tus propios patrones de pensamiento, entender de dónde vienen y decidir, con más libertad, cómo quieres actuar.

Preguntas frecuentes sobre los sesgos cognitivos

¿Qué es exactamente un sesgo cognitivo? Es un error sistemático en la forma de pensar, percibir o tomar decisiones, que surge porque nuestro cerebro utiliza atajos mentales (heurísticos) para ahorrar energía y tomar decisiones rápidas.

¿Los sesgos cognitivos son siempre algo negativo? No necesariamente. Estos atajos mentales nos han permitido sobrevivir y tomar decisiones rápidas en situaciones de riesgo. El problema aparece cuando se repiten de forma sistemática en contextos donde necesitamos un juicio más reflexivo y objetivo.

¿Se pueden evitar los sesgos cognitivos? No se pueden eliminar por completo, porque forman parte de cómo funciona nuestra mente. Pero sí se puede aprender a identificarlos y a activar un pensamiento más reflexivo en los momentos en los que más importa hacerlo bien.

¿Tiene relación esto con la ansiedad o la toma de decisiones en terapia? Sí, mucho. Buena parte del trabajo terapéutico consiste en ayudar a la persona a reconocer patrones de pensamiento automáticos que generan malestar, prejuicios o decisiones poco ajustadas a la realidad, y a sustituirlos por formas de pensar más flexibles y conscientes.

¿Quieres entender mejor cómo funciona tu mente?

Si después de leer esto te has dado cuenta de que tu cabeza te juega más jugadas de las que creías, no estás solo ni sola: a todos nos pasa. La diferencia está en aprender a identificar estos patrones y a trabajar con ellos en lugar de dejarte arrastrar por ellos.

En Espacio Izari, en Logroño, te ayudamos a conocerte mejor, a entender tus pensamientos y emociones, y a construir una forma de relacionarte contigo mismo o contigo misma más sana y consciente. Si crees que te vendría bien acompañamiento profesional, pide tu cita y damos el primer paso juntos.

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