¿Te ha pasado alguna vez que un olor demasiado intenso te marea, que una conversación a gritos en un bar te deja agotada, o que después de una boda o una reunión familiar solo te apetece llegar a casa y no hablar con nadie durante horas? Si esto te suena, no estás «rara», ni eres «demasiado intensa», ni te falta carácter. Es probable que seas una Persona Altamente Sensible, y hoy quiero hablarte de ello con toda la cercanía que se merece.
En Espacio Izari, en Logroño, cada vez llegan más consultas de adolescentes y adultos relacionadas con este rasgo. Y la verdad es que da gusto verlo, porque significa que poco a poco se está hablando más de algo que durante años pasó completamente desapercibido. A muchas personas les hubiera cambiado la infancia, o la adolescencia, saber que lo que sentían tenía un nombre y una explicación.
¿Qué es exactamente la Alta Sensibilidad?
El concepto lo acuñó la psicóloga Elaine Aron en los años 90, y desde entonces se sabe que entre el 15 y el 30% de la población presenta este rasgo. Sí, has leído bien: no es algo minoritario ni excepcional. Es mucho más común de lo que imaginamos, y aparece por igual en hombres y en mujeres.
Lo primero que me gusta aclarar en consulta es esto: ser una Persona Altamente Sensible (PAS) no es un trastorno, ni una enfermedad, ni un diagnóstico clínico. Es un rasgo de personalidad, como puede serlo la introversión o el optimismo. Una manera distinta -no peor, ni mejor- de procesar el mundo.
Para que se entienda fácil, suelo explicarlo así: imagina que el cerebro de una persona PAS tiene 100 antenas captando información del entorno, mientras que una persona no PAS solo tiene 10. Esa diferencia hace que se perciban muchísimos más matices de todo lo que rodea: gestos, tonos de voz, cambios de ambiente, emociones ajenas… Todo entra con más volumen e intensidad.
Las luces de la Alta Sensibilidad
Y es que tener esas «100 antenas» trae también una serie de capacidades preciosas:
Una intuición muy afinada, casi como un sexto sentido, que permite captar lo que está pasando antes incluso de que se diga en voz alta. Una observación profunda del entorno, que hace que estas personas sean cautas y reflexivas al llegar a sitios nuevos un trabajo, una clase de yoga, un colegio, aunque a veces eso se confunda erróneamente con timidez. Una empatía enorme hacia las personas, los animales y la naturaleza, que facilita conectar de verdad con quienes les rodean.
También viven las emociones con mucha más profundidad: la alegría, la tristeza, la sensación de injusticia… todo se siente con una intensidad mayor, lo que les lleva a experimentar la vida con una consciencia y un sentido muy especiales. No es raro que, desde pequeños, hagan preguntas que parecen «demasiado mayores» para su edad, y que se sientan más cómodos charlando con adultos que con niños de su edad.
Cuando el mundo pesa un poco más
Esa misma sensibilidad que da tantos regalos también tiene su cara más exigente, y es importante hablar de ella sin tabúes.
Las personas PAS no solo perciben con más intensidad a través de los cinco sentidos, sino que también detectan con facilidad cómo se sienten las personas de su alrededor, incluso pequeños cambios que para el resto pasan totalmente inadvertidos. Esa hiperconciencia emocional hace que les cueste mucho separarse del malestar ajeno, por lo que muchas evitan los telediarios o las películas con escenas violentas: no es capricho, es que esas imágenes se les quedan grabadas durante días.
A nivel sensorial, los olores fuertes -un perfume cargado, la lejía-, los ruidos intensos —una sirena, gente hablando alto en un bar, o ciertos tejidos y etiquetas de ropa pueden resultarles realmente molestos, incluso desagradables a nivel físico. Lo mismo ocurre con algunas texturas de comida, que en ocasiones les provocan auténtico rechazo o náuseas.
Y aquí viene algo muy importante: por desconocimiento, a estas personas se las suele etiquetar de «raritas», «caprichosas» o «malcriadas». Nada más lejos de la realidad. Su sistema nervioso procesa los estímulos de una forma genuinamente distinta, y no pueden «controlarlo» sin más. Entender esto cambia por completo la manera de acompañarlas, ya sea en casa, en el colegio o en la pareja.
Vínculos profundos, a veces incomprendidos
En las relaciones, las personas PAS se entregan al cien por cien. Tienen un sentido de la amistad y del compromiso muy elevado, y eso a veces choca con personas que viven los vínculos de forma más superficial, lo que puede generarles sensación de incomprensión, ya sea con amigos, pareja, familia o compañeros de trabajo.
Desde niños suelen tener un mundo interior muy rico, y esa misma capacidad de observación que les permite captar emociones ajenas también les hace detectar errores o fallos con rapidez. Son personas muy concienzudas a la hora de hacer las cosas, lo que en ocasiones se traduce en un umbral de frustración más bajo cuando algo no sale como esperaban.
Un cerebro distinto, no peor
Se sabe que en las personas altamente sensibles predomina la actividad del hemisferio derecho, asociado a niveles más altos de serotonina. Esto suele ayudarles a mantener la calma, aunque también hace que su forma de pensar sea menos lineal y más creativa.
Por eso, en el aprendizaje, suelen funcionar mucho mejor con imágenes, esquemas, dibujos o experiencias prácticas, que con largos textos para memorizar. De hecho, cuando no se identifica correctamente este rasgo, sobre todo en la infancia, es fácil confundirlo con un trastorno de atención o hiperactividad, cuando en realidad lo único que necesita esa niña o ese niño es otro canal de aprendizaje, adaptado a su sistema nervioso.
«Me quedo sin pilas»: la sobreestimulación
Una de las frases que más escucho en consulta cuando hablo de este tema es: «es que me quedo sin pilas». Y es que la alta sensibilidad implica también una sobreestimulación mucho mayor ante situaciones que para otras personas son neutras: una boda, una cena con mucha gente, una tarde de compras en un centro comercial…
Después de esos momentos de mucha actividad social o sensorial, es habitual necesitar retirarse, buscar silencio y estar a solas para recuperarse. Esto, socialmente, no siempre se entiende bien, y muchas personas PAS terminan sintiéndose culpables por necesitar ese espacio. Pero no hay nada que perdonar: es simplemente lo que su sistema nervioso necesita para volver a equilibrarse.
Cómo cuidarte si eres una persona altamente sensible
Si todo esto te ha resonado, aquí van algunas ideas que en consulta solemos trabajar con nuestros pacientes:
Reserva y respeta tus espacios de silencio y soledad, aunque el entorno no siempre lo entienda. Son tan necesarios como dormir o comer bien. Dedica tiempo a esas actividades que te recargan: pintar, meditar, escuchar música, pasear, estar en contacto con la naturaleza o con animales. Comunica con claridad lo que necesitas, en lugar de adaptarte constantemente a los demás por miedo a «molestar» o no encajar. Pon límites desde el respeto hacia ti misma: por ejemplo, decir «prefiero no ver películas muy violentas porque luego me cuesta dormir, pero busquemos juntos algo que nos guste a los dos» es perfectamente válido. Y, sobre todo, si sientes que todo esto se te hace cuesta arriba, pide ayuda profesional. No tienes que gestionarlo sola.
La alta sensibilidad no es un defecto que corregir, sino un don que aprender a proteger. Cuando se entiende y se acompaña bien, se convierte en una de las mayores fortalezas de una persona.
Preguntas frecuentes sobre las Personas Altamente Sensibles
¿Ser una persona altamente sensible es lo mismo que ser introvertido? No necesariamente. Aunque muchas personas PAS son introvertidas, también existen personas altamente sensibles extrovertidas. Lo que define este rasgo es la forma de procesar los estímulos, no el nivel de sociabilidad.
¿La Alta Sensibilidad se puede diagnosticar en un test? Existen cuestionarios orientativos, como el creado por Elaine Aron, pero lo recomendable es que la valoración la haga un profesional, especialmente en el caso de niños y niñas, para descartar otras posibles causas y ofrecer un acompañamiento adecuado.
¿Mi hijo o hija puede ser una persona altamente sensible? Sí, este rasgo está presente desde la infancia. De hecho, muchos niños y niñas PAS son etiquetados erróneamente como «demasiado sensibles», despistados o incluso hiperactivos, cuando lo que realmente necesitan es comprensión y herramientas adaptadas a su forma de procesar el mundo.
¿Se puede «dejar de ser» una persona altamente sensible? No, porque no es algo que haya que curar: es un rasgo de la personalidad, igual que otros. Lo que sí se puede aprender es a gestionarlo mejor, a poner límites y a convertirlo en una fortaleza en lugar de vivirlo como una carga.
¿Cuándo es recomendable acudir a un psicólogo si creo que soy PAS? Cuando sientes que la sobreestimulación, la dificultad para poner límites o la intensidad emocional están afectando a tu día a día, tus relaciones o tu bienestar. Un acompañamiento profesional puede ayudarte a entenderte mejor y a vivir tu sensibilidad desde un lugar más tranquilo.
¿Te has sentido identificada o identificado?
Si después de leer esto sientes que por fin alguien ha puesto palabras a lo que te pasa, nos encantaría acompañarte en este proceso. En Espacio Izari, en Logroño, trabajamos adolescentes y adultos altamente sensibles, ayudándoles a entender su rasgo, a gestionar la sobreestimulación y a construir una relación más amable consigo mismos.
Pide tu cita en Espacio Izari y demos juntos el primer paso para que tu sensibilidad deje de ser un peso y se convierta en el tesoro que realmente es.