La autoexigencia suele disfrazarse de responsabilidad, compromiso o perfeccionismo sano. Pero cuando se vuelve la única forma de relacionarte contigo, acaba convirtiéndose en una pequeña voz interna que no descansa nunca y que siempre encuentra motivos para reprocharte algo.
- “Podría haberlo hecho mejor”.
- “Siempre me dejo algo”.
- “Si no doy el 200 %, no es suficiente”.
Desde la psicología humanista, hablamos de recuperar algo que quizá se ha ido perdiendo por el camino: la autoaceptación, es decir, la capacidad de mirarte con humanidad incluso cuando te equivocas, llegas tarde, te bloqueas o simplemente no puedes con todo.
En este artículo te acompaño a entender mejor qué es la autoexigencia, cómo impacta en tu autoestima y qué pasos puedes ir dando para acercarte a una relación más amable contigo.
Qué es la autoexigencia y por qué se vuelve un problema
Ser responsable no es lo mismo que no permitirse fallar
Ser responsable es cuidar tus tareas, tus compromisos y tus relaciones. La autoexigencia aparece cuando ese cuidado se convierte en una cárcel:
- No te permites equivocarte.
- Necesitas que todo salga perfecto.
- Cualquier fallo se vive como un desastre.
La responsabilidad sana deja espacio para el error, el aprendizaje y el descanso.
La autoexigencia rígida, en cambio, vive instalada en el “nunca es suficiente”.
Señales de una autoexigencia tóxica
Algunas pistas de que tu autoexigencia está pasando de útil a tóxica:
- Te cuesta disfrutar de tus logros: enseguida piensas en lo que falta.
- Te hablas con dureza: “qué inútil”, “otra vez igual”, “no valgo para esto”.
- Te comparas de forma constante con los demás.
- Tiendes a sobrecargarte y te sientes culpable si paras.
- Te cuesta pedir ayuda porque sientes que deberías poder sola/o.
- Los errores pequeños te persiguen durante días.
Por fuera puedes parecer muy competente. Por dentro, vives con miedo a no estar a la altura.
De dónde viene: familia, escuela, cultura del rendimiento
Nadie nace autoexigente. Lo aprendemos, muchas veces, intentando adaptarnos:
- Familias donde el cariño dependía de las notas, los logros o el comportamiento.
- Escuelas muy centradas en el resultado, poco en el proceso.
- Mensajes del tipo “tienes que ser fuerte”, “no llores”, “tú puedes con todo”.
- Una cultura que valora la productividad por encima del descanso y el bienestar.
En este contexto, muchas personas terminan creyendo que su valor depende de lo que hacen, de lo que logran y de lo poco que se quejan. Y ahí la autoexigencia se convierte en forma de vida.
La mirada humanista sobre la autoestima
Valía personal vs. logros y productividad
Desde la psicología humanista, se hace una distinción importante:
- Tu valía personal no depende de tus resultados.
- Tu valor no sube ni baja porque hoy te hayan salido mejor o peor las cosas.
Puedes sentir orgullo por tus logros y, al mismo tiempo, saber que sigues siendo valiosa/o aunque las cosas no salgan como esperabas, aunque hoy no te haya dado tiempo a todo, aunque cometas errores.
Esta base de aceptación es la que permite construir una autoestima más sólida, menos vulnerable a los cambios externos.
Aceptación incondicional frente a juicio constante
La autoaceptación no significa “todo lo que hago está bien” ni “no necesito cambiar nada”.
Significa:
«Me miro con honestidad, reconozco mis límites y mis fallos, pero no dejo de tratarme con respeto por ello»
Cuando la única respuesta que tienes hacia ti es el juicio (“así no”, “fatal”, “mal otra vez”), se hace muy difícil sostener el cambio. El miedo y la vergüenza acaban bloqueando.
La mirada humanista propone precisamente lo contrario: cuidar la manera en que te hablas para que el cambio nazca de un lugar de respeto, no de castigo.
El derecho a ser, sentir y necesitar
Detrás de la frase “soy muy autoexigente” a veces hay varios permisos que nunca te dieron:
- El permiso a descansar sin tener que justificarlo.
- El permiso a sentir tristeza, rabia, cansancio, miedo.
- El permiso a necesitar ayuda, compañía, espacio.
Recuperar estos derechos en terapia significa poder decir:
- “Hoy no puedo más.”
- “Esto me duele.”
- “Necesito parar.”
sin sentir que por ello vales menos.
Pasar de la crítica interna al cuidado interno
Detectar la voz crítica: “cómo me hablo por dentro”
Un primer paso importante es darte cuenta de cómo te hablas internamente.
Puedes preguntarte:
- ¿Qué me digo cuando algo no sale como esperaba?
- ¿Qué palabras uso conmigo misma/o?
- ¿Le hablaría así a una persona a la que quiero?
Tomar conciencia de esa voz crítica no es para atacarla, sino para entender que es un modo aprendido de intentar que “no falles”, que “no hagas el ridículo”, que “no te rechacen”. Pero suele conseguir justo lo contrario: parálisis, ansiedad y sensación de no valer.
Introducir una voz más amable y realista
No se trata de pasar del “todo mal” al “todo perfecto”, sino de introducir poco a poco una voz interna más amable y realista:
- “He hecho lo que he podido con lo que tenía hoy.”
- “Esto podría salir mejor, pero no por eso soy un desastre.”
- “Estoy aprendiendo, es normal que a veces me equivoque.”
Puedes practicarlo por escrito, en notas en el móvil, incluso diciéndotelo en voz alta. Al principio puede sonar forzado, pero con el tiempo se va convirtiendo en una forma distinta de estar contigo.
Pequeños gestos de auto-cuidado en el día a día
La autoaceptación también se entrena en lo cotidiano:
- Permitir un rato de descanso sin sentir que “pierdes el tiempo”.
- Decir “no” a algo que te sobrecarga.
- Pedir ayuda en lugar de intentar sostener todo tú sola/o.
- Cuidar de tu cuerpo: dormir, comer, moverte de forma que te siente bien.
Son gestos sencillos que envían un mensaje claro:Pasar de la crítica interna al cuidado interno
Detectar la voz crítica: “cómo me hablo por dentro”
Un primer paso importante es darte cuenta de cómo te hablas internamente.
Puedes preguntarte:
- ¿Qué me digo cuando algo no sale como esperaba?
- ¿Qué palabras uso conmigo misma/o?
- ¿Le hablaría así a una persona a la que quiero?
Tomar conciencia de esa voz crítica no es para atacarla, sino para entender que es un modo aprendido de intentar que “no falles”, que “no hagas el ridículo”, que “no te rechacen”. Pero suele conseguir justo lo contrario: parálisis, ansiedad y sensación de no valer.
Introducir una voz más amable y realista
No se trata de pasar del “todo mal” al “todo perfecto”, sino de introducir poco a poco una voz interna más amable y realista:
- “He hecho lo que he podido con lo que tenía hoy.”
- “Esto podría salir mejor, pero no por eso soy un desastre.”
- “Estoy aprendiendo, es normal que a veces me equivoque.”
Puedes practicarlo por escrito, en notas en el móvil, incluso diciéndotelo en voz alta. Al principio puede sonar forzado, pero con el tiempo se va convirtiendo en una forma distinta de estar contigo.
Pequeños gestos de auto-cuidado en el día a día
La autoaceptación también se entrena en lo cotidiano:
- Permitir un rato de descanso sin sentir que “pierdes el tiempo”.
- Decir “no” a algo que te sobrecarga.
- Pedir ayuda en lugar de intentar sostener todo tú sola/o.
- Cuidar de tu cuerpo: dormir, comer, moverte de forma que te siente bien.
Son gestos sencillos que envían un mensaje claro:
«Importa, mi bienestar también cuenta»
Recursos terapéuticos desde la psicología humanista y Gestalt
Trabajo con el cuerpo y las sensaciones
En un enfoque humanista y Gestalt, no solo se trabaja con las ideas, sino también con el cuerpo:
- ¿Dónde sientes la tensión cuando te exiges?
- ¿Qué le pasa a tu respiración cuando te hablas mal?
- ¿Cómo se coloca tu cuerpo cuando te sientes “un fracaso”?
Aprender a escuchar estas señales ayuda a detectar antes los momentos de autoexigencia extrema y a poder poner algo distinto en marcha: respirar, soltar, cambiar de postura, darte un pequeño espacio.
Experimentos en sesión para ver la autoexigencia en acción
En terapia se pueden hacer “experimentos” seguros para observar cómo funciona tu autoexigencia:
- Representar con una silla la voz crítica y con otra la parte que se siente atacada.
- Explorar qué pasa si te permites hablarte de otra manera.
- Ver cómo reaccionas cuando alguien (el terapeuta) te trata con más amabilidad de la que estás acostumbrada/o.
No son ejercicios teatrales sin sentido; son formas de poner en experiencia lo que quizás llevas años viviendo solo en tu cabeza.
El vínculo terapéutico como experiencia de aceptación
En la psicología humanista y Gestalt, la relación terapéutica es central:
un espacio donde puedes ser tú, con tus dudas, tus enfados, tus tristezas y tus logros, sin tener que demostrar nada.
Experimentar una relación donde no tienes que estar siempre “a la altura” puede ser profundamente sanador y servir de base para empezar a tratarte tú también con esa misma mirada.
Cuando la autoexigencia oculta dolor
Duelos no elaborados, vergüenza y miedo al rechazo
Muchas veces, debajo de la frase “es que yo soy así, muy autoexigente” hay historias de:
- Pérdidas importantes que no se pudieron llorar.
- Momentos de humillación o vergüenza en la infancia o adolescencia.
- Miedos muy profundos a ser rechazado/a si no lo haces todo perfecto.
En estos casos, la autoexigencia funciona como una especie de armadura:
“si lo hago todo impecable, quizás no vuelvan a herirme”.
La terapia ayuda a poner palabras y cuidado en ese dolor, para que no tengas que seguir defendiendo tu valor solo a base de exigirte más.
Pedir ayuda profesional como acto de valentía
A veces, lo más difícil para una persona autoexigente es precisamente esto:
reconocer que necesita ayuda.
Pedir apoyo no es un fracaso, al contrario:
«Es una forma de decir: Mi bienestar importa lo suficiente como para no seguir solo/a con esto»
Es un gesto de valentía, porque implica bajar un poco la armadura y dejarte acompañar.
Cómo trabajamos esto en Espacio Izari
En Espacio Izari, en Logroño, acompañamos procesos de autoexigencia y autoestima desde una mirada humanista, corporal y emocional:
- Explorando tu historia sin juicio, entendiendo de dónde viene esta autoexigencia.
- Acompañándote a descubrir nuevas formas de tratarte y de poner límites sanos.
- Integrando cuerpo, emoción y pensamiento para que el cambio no se quede solo en ideas.
Si sientes que la autoexigencia te está agotando, quizá sea el momento de empezar a construir una relación más amable contigo.
Preguntas frecuentes sobre autoexigencia y autoaceptación
1. ¿Es malo ser autoexigente?
No necesariamente. Un cierto nivel de autoexigencia puede ayudarte a mejorar, aprender y cuidar lo que haces. El problema aparece cuando se vuelve rígida y no te permite descansar, equivocarte o pedir ayuda. Si la autoexigencia te genera ansiedad, culpa constante o agotamiento, probablemente ya no te está ayudando.
2. ¿Cómo sé si mi autoexigencia viene de mi infancia?
No siempre es evidente, pero algunas pistas son:
- Recuerdos de críticas frecuentes o burlas cuando te equivocabas.
- Sensación de que solo te valoraban cuando tenías buenos resultados.
- Frases muy instaladas como “tienes que ser el mejor”, “no llores”, “no te quejes”.
En terapia se puede ir revisando tu historia con calma para entender mejor de dónde viene esta forma de tratarte.
3. ¿La autoexigencia se puede cambiar o “soy así para siempre”?
La autoexigencia no es una condena, es una forma de funcionar que aprendiste y que ha tenido sentido en algún momento de tu vida. Con apoyo adecuado, puedes aprender otras maneras de relacionarte contigo, más cuidadoras y realistas. No se trata de dejar de ser responsable, sino de dejar de hacerte daño con eso.
4. ¿La autoaceptación no es conformarse y ya está?
No. Autoaceptación no significa “me da igual todo”.
Significa partir de una base de respeto y cuidado hacia ti para, desde ahí, poder cambiar lo que quieras cambiar. Cuando te tratas a base de castigo, el cambio se sostiene poco. Cuando te sostienes desde la aceptación, es más fácil avanzar sin romperte.
5. ¿Qué puedo hacer en el día a día para empezar a tratarme mejor?
Algunas ideas sencillas:
- Observar cómo te hablas por dentro y cambiar poco a poco frases como “qué desastre” por “esto no ha salido como quería, pero puedo aprender”.
- Reservarte pequeños espacios de descanso reales, aunque sean 10 minutos.
- Practicar decir “no” a una cosa concreta que sabes que te sobrecarga.
- Contar lo que te pasa a alguien de confianza en lugar de seguir llevándolo todo en silencio.
6. ¿Cuándo es recomendable acudir a terapia por este tema?
Puede ser buen momento cuando:
- Sientes que por más que haces, nunca es suficiente.
- Tu mente no para de repasar errores o “fallos”.
- Te cuesta disfrutar de tus logros o del descanso.
- Aparecen síntomas de ansiedad, insomnio, dolores físicos sin causa clara.
En esos casos, un espacio terapéutico puede ayudarte a entender qué hay debajo de esa autoexigencia y a construir una forma más amable de estar contigo.
7. ¿Cómo puede acompañarme Espacio Izari en este proceso?
En Espacio Izari (Logroño) podemos acompañarte en sesiones individuales (y, si lo necesitas, también en procesos de pareja o grupales) para:
- Comprender tu historia de autoexigencia sin juicio.
- Trabajar tu autoestima desde la psicología humanista y Gestalt.
- Integrar cuerpo y emoción, no solo “darle vueltas” a las cosas.
Si lo deseas, puedes dar el primer paso contactando con nosotras y empezar a explorar cómo sería vivir con menos exigencia y más autoaceptación.